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La convivencia intergeneracional se convierte en un acuerdo ante el alto coste de los alquileres incluso por habitaciones, que incluye apoyo mutuo, compañía y respeto entre generaciones.

Julia Vozmediano Villanova Publicado en Público
Daniela llegó a Madrid a iniciar su etapa universitaria. Pronto entendió que buscar una habitación en pisos compartidos con estudiantes era difícil y costoso. Así, encontró una oferta de una sénior dispuesta a compartir hogar a un precio más económico. Y así empezó una convivencia intergeneracional que duró dos años y del que ambas sacaron excelentes experiencias. De hecho, la joven reconoce: «Me llevaba muy bien con mi compañera sénior de piso, era como su hija».
La convivencia intergeneracional se consolida como una fórmula innovadora para abordar dos problemas crecientes: la soledad no deseada en personas mayores y el acceso a la vivienda entre jóvenes. Este modelo conecta a mayores que viven solos con estudiantes o trabajadores que buscan alojamiento asequible, lo que genera una relación basada en la compañía, el intercambio de experiencias y el apoyo mutuo en el día a día.
Convivir jóvenes con sénior
Existen programas especializados que tratan de conectar necesidades complementarias. Es el caso del programa Convive, cuyo funcionamiento es sencillo: las personas mayores participantes deben contar con autonomía y voluntad de compartir su hogar, mientras que los estudiantes, generalmente de entre 18 y 36 años, acceden a alojamiento a cambio de compañía y colaboración en el día a día, en lugar de asumir un alquiler elevado. No obstante, esta solución se toma también fuera de estos programas.
En las grandes ciudades como Madrid, desde hace tiempo el problema de la vivienda ya no se limita al área metropolitana: la presión se ha desplazado también hacia la periferia, alcanzando con fuerza a municipios del sur como Fuenlabrada. Daniela Pérez se desplazó a Madrid en el año 2021 para empezar sus estudios universitarios. Los municipios del sur recogen muchos de los campus de las principales universidades públicas, por lo que los alquileres de habitaciones para estudiantes están a la orden del día.
En su caso, tras un largo tiempo buscando una habitación en un piso de estudiantes, encontró otra opción: convivir con una mujer mayor que alquilaba una habitación. Ella no considera que hubiera diferencias con un alquiler de estudiantes: las normas eran iguales que en cualquier convivencia, pero con una pequeña diferencia, el vínculo que ambas generaron: “Me llevaba muy bien con ella, me trataba casi como a una hija, cuando salía y no iba a dormir en casa me pedía que la avisara para no preocuparse” explica Daniela a Público.
En la isla de Tenerife este problema ha pasado a mayores. La situación se extiende a la oferta de habitaciones individuales, algo que se debe a dos factores principales. En primer lugar, el aumento de la población constante. Según datos del ISTAC (Instituto Canario de Estadística), la media de nuevos habitantes por año ronda los 21.000 desde el año 2021. A esto se suma el gran desequilibrio que existe entre la oferta y la demanda en el mercado inmobiliario.
Ayuda económica para una sénior
Otro caso de vida con esta experiencia es María Hernández, una sexagenaria que decidió hace ya dos años alquilar las habitaciones vacías con las que contaba en su casa de Santa Cruz de Tenerife, para obtener una ayuda económica y al mismo tiempo ayudar a que estudiantes tuvieran alojamiento, sobre todo los que están en la isla de forma temporal. El problema de la emergencia habitacional en la isla aumenta durante los meses del curso escolar.



